Diagnóstico Genético Preimplantatorio (DGP o PGD, PGS)

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Las personas tenemos dentro del  núcleo de nuestras células 46 cromosomas, los cuales fueron heredados de nuestros padres a través de los gametos (óvulos y espermatozoides), con 23 cromosomas en cada uno de ellos.

Así cada padre aporta 23 cromosomas para que el producto concebido cuente con 23 pares de cromosomas, de los cuales 22 se encargan de todas nuestras características (autosómicos) y un par de ellos que determinan el sexo y la formación de órganos reproductivos (sexuales). Cada cromosoma está formado de secuencias de ADN, donde la unidad básica de herencia es un gen, que en cada cromosoma ocupa un sitio específico llamado locus. Como hay  dos copias de un mismo cromosoma (uno de origen paterno y otro de origen materno) hay dos copias, distintas o iguales, de cada uno de nuestros genes. Éstos a su vez pueden presentar alteraciones en sus secuencias llamadas mutaciones. El conjunto de genes que poseemos constituyen nuestro genotipo (carga genética heredada de nuestros padres), y la expresión de éstos, que depende de muchas variables es nuestro fenotipo (características resultantes de la expresión de los genes y su interacción con el medio ambiente).

En los pacientes que tienen mayor riesgo de procrear descendencia con alteraciones genéticas, cromosómicas y/o mayor susceptibilidad genética para desarrollar una enfermedad de instalación tardía, se pueden realizar procedimientos de reproducción asistida, en los cuales podemos analizar una o varias células de un óvulo fecundado para su estudio genético o cromosómico, sin afectar su potencial de desarrollo e implantación. Aunque no exista un riesgo elevado en la pareja, también puede realizarse el estudio para asegurar que solo se transfieran óvulos fecundados normales, procurando mejorar tasas de embarazo y recién nacidos, así como disminuir tasas de abortos. Sus indicaciones son las mismas que para diagnóstico prenatal, solo que en este caso el procedimiento se realiza antes de la implantación, lo cual evita el tener que tomar la decisión de  terminar un embarazo ya iniciado.

El estudio puede realizarse  en óvulos antes de ser fertilizados (preconcepcional), con estudio de los corpúsculos polares, pero esto solo detecta anomalías en el óvulo antes de la fecundación. Cuando se realiza en óvulos fertilizados (preimplantatorio) puede realizarse en el tercer día de desarrollo (etapa de blastómeras) o en el quinto (etapa de blastocisto), cada una de ellas con ventajas y desventajas, aunque la tendencia actual es cada vez más a realizar biopsias de células del trofectodermo (día cinco, en etapa de blastocisto).

La base del estudio es la amplia experiencia mundial, con miles de recién nacidos sanos, que confirma la capacidad que tiene un óvulo, fecundado o no, de continuar con un desarrollo normal a pesar de estas intervenciones. Antes solo se disponía de diagnóstico prenatal (postimplantatorio) con marcadores bioquímicos, ultrasonográficos, con amniocentesis o biopsias de vellosidades coriales (estas dos últimas no exentas de riesgos), a lo que se ha agregado el tamizaje genético  prenatal no invasivo (NIPT, Non Invasive Prenatal Testing), en donde se extrae ADN fetal de la sangre de una mujer embarazada, con gran precisión diagnóstica y sin riesgos para el embarazo. Sin embargo, todos estos estudios colocan a la pareja en la difícil disyuntiva de continuar o terminar el embarazo si se diagnostica que el embrión es anormal.

Cuando se realiza el diagnóstico preimplantatorio en busca de alteraciones en el número de cromosomas (aneuploidias) se denomina Tamizaje Preimplantatorio o PGS ( Preimplantation Genetic Screening), mientras que si se busca la presencia de una patología específica a nivel genético, se llama PGD (Preimplantation Genetic Diagnosis)

El tamizaje preimplantatorio (PGS) inicialmente se hacía con una técnica conocida como FISH, en el cual se analizaban los cinco cromosomas mas comúnmente afectados (13, 18, 21, X y Y), posteriormente, para aumentar la precisión del tamizaje se analizaban 9 cromosomas (13, 15, 16,17, 18, 21, 22, X y Y), luego 12 (8,13, 14, 15, 16, 17,18,20, 21, 22, X Y Y) y así hasta llegar al análisis de todos los cromosomas con técnicas como aCGH (Comparative Genomic Hybridization array), SNP´s (Single Nucleotide Polymorhism) y más recientemente NGS (Next Generation Sequencing).

Si se analizan 5 cromosomas el porcentaje de anomalías cromosómicas que se detectan es del 28 %, mientras que analizando 9, se detecta un 70 % y con 12, 80%, por supuesto analizando los 24 cromosomas (22 autosómicos y el par sexual) se  detecta un 100%

La técnicas que analizan los 24 cromosomas no son idénticas, pues cada una identifica alteraciones en  diferentes regiones del genoma, el uso de SNP´s solo cubre el 2.5 % de todo el genoma, mientras que el aCGH, el 25 %, la NGS analiza todo el genoma y es la que está sustituyendo a todas las técnicas anteriores.

El diagnóstico genético preimplantatorio (PGD) permite detectar alteraciones en el número de cromosomas, translocaciones del material genético y también mutaciones en genes específicos, que cuando se presentan son la causa enfermedades ya definidas, las cuales pueden presentarse al nacimiento o ser de aparición tardía.

No hay duda que extraer material celular de un óvulo fecundado en  desarrollo es un procedimiento que implica mayor invasión y uso de tecnología avanzada de diagnóstico, lo cual también incrementa costos, por lo que debe realizarse en casos con indicaciones, por personal experimentado y cuando los beneficios excedan a los riesgos.

Drs. Efraín Pérez Peña y Rebeca Álvarez Aubert

 

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